Bajaba pronto por la escalera. No quedaba mucho tiempo. La
sangre corría aceleradamente por las venas y las gotas de sudor le resbalaban
por la frente.
No estaría ahí por mucho tiempo, y la gente tampoco
tardaría mucho en enterarse al esuchar el estruendo.
El plan era sencillo. Lo haría justo cuando la victima
estuviera en el acto…
…listo. Lo hecho, hecho está. Ahora camina por la obscura
calle pensando en aquel amante caído.
No lo había castigado con el eterno descanso por haber
querido ser detallista con la mujer que amaba.
No. El castigo fue por quererla alabar con aquellas flores
que tanto amaba yo. Tanto como él a ella.
El castigo fue porque 30 años de cuidado no son para ser
cortados por aquel que observó por primera vez el fruto de tanto trabajo.
Lumara GAG

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